martes, 26 de mayo de 2015

los pecados de la arquitecta egipcia



La soberbia, pecado capital de la arquitecta egipcia
Todos los ciudadanos argentinos conocemos célebres frases  de nuestra presidente -por deseo expreso  del supremo y extinto Nestor Kirchner- quien  la impulsó hacia el archi codiciado sillón de Rivadavia.
Una de sus más famosas es: “Amo construir, debo ser la reencarnación de un gran arquitecto egipcio", vertida por –cuando no- la cadena nacional en oportunidad de inaugurar un polo audiovisual en la Isla Demarchi en agosto de 2012.
Pero esa no fue la única alusión de nuestra mandataria a la cultura egipcia, ya en marzo de 2010, en otro monólogo -perdón, quise decir discurso-, cuando inauguró un gasoducto en Ushuaia, afirmó: "Me siento como Keops frente a la pirámide terminada".
En realidad se estaba refiriendo al célebre arquitecto egipcio Imhotep, constructor de pirámides y “Tesorero del rey del Bajo Egipto, Primero después del rey del Alto Egipto, Administrador del Gran Palacio...” , según consta en una inscripción hallada en Saqqara (Egipto) en la base de la estatua de Zoser.. Antes de él, nadie había tenido su nombre escrito al lado del de un faraón.
El nombre Imhotep significa “el que avanza en paz” por lo que no parece apropiada la comparación del famoso arquitecto egipcio con el de nuestra “arquitecta egipcia”, que avanza pero no en paz.
En el discurso de ayer, 25 de mayo, la presidente se explayó como siempre, en un monólogo bastante incoherente,  autorreferencial y combativo, con constantes recordatorios a su marido, criticando a la oposición entre otros criticados y al final afirmó: "Olvídense que algunos dicen que soy soberbia y poco humilde, son defectos que tengo”. Fue un choque tremendo para mì saber que “la presidente de los 40 millones” se reconoce soberbia. La soberbia, uno de los 7 pecados capitales, es la exaltación del yo, es la puerta de entrada a otros pecados. Consiste en concederse más méritos de los que se poseen, estimarse muy por encima de lo que uno vale, es una actitud que se basa en adorarse a uno mismo. Sus rasgos son la prepotencia, la presunción, la jactancia, se trata de menospreciar lo que es el otro, no reconocer en los semejantes sus valores, imposibilitar la armonía y la convivencia y conduce a la arrogancia, a la egolatría, al engreimiento. Todas estas, virtudes de  nuestra monarca.
Las personas soberbias  son aparentemente amables, carismáticas, pero se enojan con facilidad, si no se les presta atención, muestran su lado oscuro. La soberbia está asociada  con  la mentira y el autoengaño. Los soberbios distorsionan la realidad, para protegerse de una autoimagen muy frágil, ocultan aspectos  que quieren evadir. Estos individuos  son mentirosos y se convencen que son mejores que los demás.
    Estas actitudes mentirosas se pagan  con un alto costo personal ya que el relato que se fabrica al fin cae y todo se descubre.La  mentira patológica usada para el engaño,  para obtener ventajas y  manipular la realidad y a nuestros semejantes afecta la credibilidad y la confianza haciendo imposible la convivencia en paz.
Si la presidente en un próximo discurso que se transmitirá por cadena nacional continúa con su “sinceridad” deberá decir “El estado soy yo” y “después de mi el diluvio”, con espíritu colaborativo le facilito  esas frases en el idioma original en que fueron pronunciadas:  L'État, c'est moi (Luis XIV) y Aprés moi, le déluge  (Luis XV)
Para finalizar y continuando con mi deseo de colaboración quiero recordar las palabras de San Agustín " La soberbia no es grandeza sino hinchazón y lo q está hinchado parece grande pero no está sano”













Sedona, el revolver del pistolero más rápido del oeste norteamericano y yo



Llegué a Sedona, con mis dos hijas adolescentes. Sus alrededores son los preferidos por los directores de películas de cawboys. Es un típico pueblo del lejano oeste, en una zona elevada de Arizona que ofrece un hermoso y pintoresco paisaje y en sus calles se ve a los lugareños vestidos con el sombrero Stetson y la cartuchera con el colt 45.
También hay varios comercios de artesanías propias de la región, armas de todo tipo y réplicas de revólveres antiguos. Estuvimos el suficiente tiempo como para admirar las hermosas artesanías de los hopi, nativos del lugar y recorrer los negocios de venta de armas.
En uno de ellos vi una réplica de revólver antiguo.
Inicié una conversación con el dueño del negocio, él en inglés y yo en español. Empleando el lenguaje de señas y con mi escaso inglés aprendido en el secundario pude comprar un hermosa réplica del revolver que usaba Wyatt Earp, el famoso y legendario Sheriff de Dogde City, el pistolero más rápido del oeste.
Satisfecha, guardé el revólver en mi bolso de lona verde y continuamos el tour hacia el Cañón del Colorado camino a San Francisco.
Pero como todo llega a su fin, también llegó el momento de volver a casa.
En el aeropuerto de Los Angeles, con mi bolso verde colgado del hombro con todo su contenido acumulado en 20 días de viaje, nos acercamos a los controles de seguridad y entonces comenzaron a sonar todas las alarmas. Me espanto al recordarlo!!
En menos de un segundo me rodearon varios policías que gritaban en ese idioma incomprensible y me apuntaban con sus revólveres verdaderos.
En menos de un instante recordé el revólver de Wyatt Earp que llevaba en el bolso.
Y en menos de la mitad de un instante recordé como se dice juguete en inglés.
    -Is a toy, is a toy, grité desesperada.
    Mis hijas se desternillaban de risa, a varios metros de distancia de la espectacular escena donde su pobre madre, yo, era la actriz principal.
Las malditas, que hablan un excelente inglés, no me brindaron ni un poco de ayuda, hasta que dejaron de carcajearse.
Gracias a la traducción de mis adorables niñas- entendí que tenía que extraer, con dos dedos, el revolver del bolso sin moverme ni un centímetro. Obedecí al instante y entregué el “peligroso revólver de juguete” al guardia más próximo que me apuntaba con su arma.
Luego se acercó alguien hablando español y comenzó a explicarme que estaba terminantemente prohibido llevar armas, aún de juguete, en el equipaje de mano, que no me llevaban presa por mi ignorancia, que agradeciera que todo quedara así y bla bla .. mientras me acompañaba a una habitación donde debía permanecer hasta que embarcara en el avión.
Eso hice.
La réplica del revolver del sheriff más rápido del oeste fue despachada en la bodega del avión por personal del aeropuerto y está en la mesita del living de mi casa.
Si esto hubiera ocurrido después del atentado a las torres gemelas, ahora no lo estaba contando.



que religión profesa ud? Hay un solo Dios

El Cardenal judío.

El 17 de septiembre de 1926 nace en Paris Aaron Lustiger.

Sus padres una pareja de judíos polacos llegan a Francia poco antes de su nacimiento escapando de los nazis.
Cuando el ejército alemán invade Francia, en los inicios de la segunda guerra mundial, sus padres envían a Aaron y a su hermana, con una familia católica de Orleáns, que los adoptan.
Poco después la madre es capturada por la Gestapo y enviada al campo de concentración de Auschwitz donde muere en la cámara de gas.

A los 13 años Aaron decide convertirse al catolicismo y es bautizado con el nombre de Jean Marie Lustiger. Por entonces afirma: “nací judío y permanezco judío, incluso si esto es inaceptable para muchos ".
Años más tarde decide hacerse sacerdote y mucho después es nombrado cardenal de Paris.
En 1999, en el Día del Holocausto, en Francia, el cardenal Lustiger participa en un acto en homenaje a los judíos que fueron deportados y asesinados por los nazis leyendo el nombre de esas víctimas; cuando llega a Gesele Luztiger, hizo una pausa y con lágrimas en los ojos dijo: "Mi madre".
El efecto en los franceses, en plena época de resurgimiento del antisemitismo fue electrizante.

El Cardenal Luztiger solía decir que afirmar que porque era sacerdote no era judío, era lo mismo que negar a su padre y su madre, a sus abuelas y a todos sus ancestros. Y agregaba “ soy tan judío como todos los otros miembros de mi familia que fueron asesinados en los campos de concentración, pero también creo en Cristo"

Influenciado por el antisemitismo imperante en Francia por entonces, pensó que encontraría nuevos horizontes en Israel.
Estudió hebreo y planeaba emigrar. Pero entonces el Papa lo nombra Obispo de Orleáns; y luego Cardenal de Paris.
El cardenal judío y el Papa polaco Juan Pablo II tenían una sólida amistad.
Compartían ideales de unión y tolerancia. Peleaban contra el fanatismo, la intolerancia religiosa y racial, los totalitarismos y la violencia.

Se especuló por mucho tiempo que podía ser el sucesor de Juan Pablo II y luego que eventualmente podría suceder a Benedicto XVI.
Muchas veces, el Cardenal Luztiger bromeaba diciendo “pocas cosas confundirían más a los prejuiciosos que un papa judío”.

Lamentablemente no pudo ser.

El cardenal Luztiger falleció de cáncer el 6 de Agosto de 2007, su funeral comenzó en la Catedral de Notre Dame de París, con el canto litúrgico del Kadish, la oración judía para los muertos.

viernes, 8 de mayo de 2015

El Cacique Guaicaipuro Cuauhtémoc

Si esta conferencia no existió, debería haber existido:




Conferencia del Cacique, Guaicaipuro Cuauhtémoc, ante la reunión de los Jefes de Estado de la Comunidad Europea




Guaicaipuro Cuauhtémoc cobra la deuda a Europa
«Conferencia del Cacique, Guaicaipuro Cuauhtémoc, ante la reunión de los Jefes de Estado de la Comunidad Europea»

Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de la Comunidad Europea, el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc logró inquietar a su audiencia cuando dijo:



Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se encontraron hace quinientos años. Aquí pues nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa.

El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una Deuda contraída por Judas a quienes nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda Deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Ya los voy descubriendo.

También yo puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que sólo entre el año de 1503 y el de 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? No lo creyera yo, porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? Guárdeme Tonantzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano. ¿Genocidio? Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de Las Casas, que califican al Encuentro como «Destrucción de las Indias», o a ultrosos como el doctor Arturo Uslar Pietri, quienes afirman que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a esa inundación de metales preciosos.

¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata deben ser considerados como el primero de varios préstamos amigables de América para el desarrollo de Europa. Lo contrario, sería presuponer crímenes de guerra, lo cual daría derecho, no sólo a exigir devolución inmediata, sino a indemnización por daños y perjuicios. Yo, Guaicaipuro Cuauhtémoc, prefiero creer en la menos ofensiva de las hipótesis. Tan fabulosas exportaciones de capital no fueron más que el inicio de un «Plan Marshalltzuma» para garantizar la reconstrucción de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras contra los cultos musulmanes, defensores del álgebra, la poligamia, el baño cotidiano y otros logros superiores de la civilización.

Por ello podemos preguntarnos: ¿han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable, o por lo menos productivo de los recursos tan generosamente adelantados por nuestro Fondo Indoamericano Internacional? Deploramos decir que no. En lo estratégico, los dilapidaron en batallas de Lepanto, Armadas Invencibles, Terceros Reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin más resultado que acabar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como Panamá (pero sin canal). En lo financiero, han sido incapaces después de una moratoria de 500 años tanto de cancelar capital o intereses, como de independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo.

Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles por su propio bien el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos. Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de interés de un 20% y hasta un 30% que los hermanos europeos cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10% anual acumulado durante los últimos 300 años.

Sobre esta base, y aplicando la europea fórmula del interés compuesto, informamos a los Descubridores que sólo nos deben, como primer pago de su Deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y otra de dieciséis millones de kilos de plata, ambas «elevadas a la potencia de trescientos». Es decir: un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la tierra. Muy pesadas son estas moles de oro y de plata. ¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre?

Aducir que Europa en medio milenio no ha podido generar riquezas suficientes para cancelar este módico interés, sería tanto como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad de los supuestos del capitalismo. Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan a los indoamericanos. Pero sí exigimos la inmediata firma de una Carta de Intención que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente, y los obligue a cumplirnos sus compromisos mediante una pronta Privatización o Reconversión de Europa, que les permita entregárnosla entera como primer pago de su Deuda histórica.

Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que le impide cumplir sus compromisos financieros o morales. En tal caso, nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con que mataron al poeta. Pero no podrán: porque esa bala es el corazón de Europa.


Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc dio su conferencia ante la reunión de Jefes de estado de la Comunidad Europea, no sabía que estaba exponiendo una tesis de Derecho Internacional para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA, ahora sólo resta que algún gobierno latinoamericano tenga el valor suficiente para hacer el reclamo ante los tribunales Internacionales.

jueves, 26 de marzo de 2015

la historia argentina, quién la escribe?



Si algo nos caracteriza a muchos argentinos es nuestra memoria selectiva. Solemos olvidar convenientemente algunos hechos que tiñen de luto nuestra historia reciente y solo recordamos aquello que es conveniente recordar.
No voy a extenderme mucho pero me viene a la memoria el fusilamiento del general Valle en 1956 que había cometido el grave pecado de apoyar a un presidente constitucional  derrocado por un grupo de militares unos meses antes, los fusilamientos en un basural de José León Suarez de un grupo de militantes peronistas, el asesinato de Rucci a manos de los Montoneros, el  del padre Mugica o el de la hija del General Lambruschini  de tan solo 16 años  por una bomba que una compañera de colegio colocó bajo su cama. Esa “compañera” nunca fue juzgada porque selectivamente se ha juzgado solo a un grupo de terroristas y el otro grupo ha quedado impune y ha sido elevado a la categoría de héroes.
En nuestro querido y vilipendiado país solo tendremos justicia cuando aprendamos que no es bueno que la historia la escriban los que ganan,  porque como dice la canción,  eso quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia y quien quiera oir que oiga.

miércoles, 6 de agosto de 2014

soy Peronista

El mío era un hogar peronista que guardaba culto al general en el exilio. Mi madre, obrera en una fábrica, predicaba su peronismo con el ejemplo: de casa al trabajo y del trabajo a casa, como había recomendado el general. Mi padre, delegado gremial, se empeñaba en recalcar su peronismo y excarmentaba con el despido en cada cambio de gobierno a partir del 55.
Nací después de la Libertadora y me crié escuchando hablar maravillas del general y la abanderada de los humildes y cuando fui adolescente, como todo adolescente que se precie, me rebelé contra el mandato político familiar y me hice antiperonista. Y así yo despotricaba contra los peronistas a diestra y siniestra y en todos los escenarios en los que me tocó interactuar.
En la década del setenta cuando el general Lanusse dijo “a Perón no le da el cuero” era estudiante de matemática en la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA. Por entonces se comenzaba a nombrar al "innombrable", bautizado por los gorilas “el tirano prófugo”, es decir las noticias sobre el general Perón comenzaban a aparecer frecuentemente en los medios de difusión. Si el General Lanusse se había referido abiertamente a Perón, los periodistas no iban a ser menos.
Comenzaron los reportajes y el político exilado en Madrid se hacía  oir después de más de una  década para todos los que quisieran oirlo. El general Perón aparecía tímidamente en mi conciencia. Con cada aparición se iban haciendo más y más nítidas sus ideas en mi cerebro. El memorable reportaje que le hiciera Sergio Villarruel en 1972 terminó de revelarme al Juan Domingo Perón que habían idolatrado mis padres: el "viejo", como le llamaban cariñosamente algunos militantes,  tenía un carisma y un poder de convicción envidiables. En ese momento me hice peronista, con los inmensos riesgos que significaba ser peronista en la década del 70.
Sin prever los riesgos, asistí a proyecciones clandestinas de películas partidarias prohibidas “La hora de los hornos”, “la Patagonia rebelde” y otros largometrajes que se proyectaban en los cines de barrio. Participé en debates donde los militantes peronistas se mezclaban con conferencistas castristas, guevaristas, trokistas y otros de la izquierda más recalcitrante. Festejé con los compañeros el triunfo del Dr Cámpora. Me preocupé lo suficiente cuando se abrieron las puertas de las cárceles la noche del triunfo de "El tío" Héctor en el 73 y volví a festejar con gran algarabía el triunfo de Perón con un porcentaje jamás alcanzado antes ni superado después, el 62 % de los votos. Por entonces, 12 de octubre de 1973  el mismo Perón se reconocía un león herbívoro y casi nadie había tomado conciencia que lo acompañaba en el gobierno, su esposa María Estela Martinez, quien debería ocupar la presidencia si el anciano líder fallecía Algo que podía suceder y que él mismo había pronosticado. Pero quizá el momento en que tomé verdadera conciencia de lo que se venía, fue cuando El General, advertía desde el balcón de la Rosada a sus seguidores concentrados, una vez más en la Plaza de Mayo, que se avecinaban días aciagos. Y el lider no se equivocó. 
Me aterré cuando los militantes más extremistas se autoproclamaron en la clandestinidad. La noche más oscura y sangrienta cubrió la sociedad argentina, dividida en malos y buenos, sin pautas claras de quienes estaban en cada extremo. Muchos que hoy pontifican desde distintos púlpitos, defendían a militares o a militantes violentos y así nos debatíamos, mientras cientos morían y otros desaparecían para siempre.
Transcurrieron los días, los meses y los años. La  absurda decisión de un general alienado que usando la causa justa de recuperación de las Malvinas, nos enfrentó con una de las potencias militares más poderosa del mundo, permitió tomar conciencia bruscamente una vez más de la realidad. En esos tiempos nació mi hija mayor que hoy es historiadora. A ella le cuesta entender como su progenitora, que ella cree racional y que no nació durante la presidencia de Perón,  ni vivió el peronismo en el gobierno, puede proclamarse peronista. Le explico concienzudamente que soy peronista por lo que el gobierno peronista nos dejó, por las obras de Evita y de Perón. Que soy Peronista, porque el General nos hizo tomar conciencia a los trabajadores que la unión hace la fuerza, porque reconoció y reglamentó nuestros  derechos, y los hizo respetar, porque durante su gobierno se construyeron miles de viviendas, se crearon miles de puestos de trabajo, se democratizó la educación y la cultura, se privilegiaron los derechos de los niños y sigo detallando la lista extensísima de logros del gobierno peronista.
Pero mi hija, la historiadora, ganadora de una beca Fullbright¸ insiste con que esos derechos se hubieran reconocido igual, -con Perón o sin Perón-, sentencia inflexible y tercamente. –
De nada sirve que intente razonar con ella. Repite incansablemente, “el peronismo ya fue, terminó, caput”. “Esos gobiernos en la actualidad no pueden ser…..son parte del pasado, un producto de la época de post guerra”.
Como terca peronista que soy, no quiero aceptar lo que ella afirma y no lo hago…..insisto persistentemente que Perón hubo uno solo y Evita también. 
A solas, cuando miro las listas de los candidatos justicialistas en época de elecciones acepto que es posible,  incluso probable,  que mi hija tenga razón. Los que integran las listas del partido, peronistas no son. Se declaran peronistas porque saben que de esa forma tienen votos asegurados y pueden ganar las elecciones. Nada más que por eso dicen ser peronistas .

jueves, 12 de junio de 2014

el mundial de futbol vs la guerra de Malvinas



El 13 de junio de 1982 se inicia el Campeonato Mundial de Futbol de España  en el Cam Nou de Barcelona. En la ceremonia inaugural, más de tres mil estudiantes sobre el césped impecable del campo de  juego,  forman diversas figuras, destacándose entre ellas, paradójicamente, una paloma de la paz, mientras tanto, allá en el fin del mundo, en unas islas desconocidas para la mayoría de los europeos, cientos de soldados argentinos luchan en soledad,  defendiendo la soberanía de las islas usurpadas por los ingleses.
El seleccionado argentino cómodamente instalado en España,  está formado por célebres y afamados jugadores  como Diego Maradona, Ramón Díaz, Ubaldo Fillol, Mario Kempes, Américo Gallego, Daniel Pasarella, Alberto Tarantini, etc  -y como comprobaríamos después ricos y famosos no solo por saber patear la pelotita. En el momento más aciago para las tropas argentinas en Monte Longdon y alrededores, mientras  cientos de cuerpos de soldados conscriptos de 20 años quedan sobre la nieve lejos de sus madres y sus seres queridos,  el seleccionado argentino pierde ante el de Bélgica por uno a cero. Los costosos y requeridos jugadores argentinos no solo pierden el partido sino también la oportunidad de hacer saber a la prensa mundial que a pesar de dedicarse a la frívola tarea de disputar partidos de futbol ganando millones por eso, también apoyan a los soldados que participan en una guerra no deseada en unas islas que aunque usurpadas,  pertenecen al territorio argentino.  Silencio total ante la prensa mundial de nuestros  futbolistas seleccionados para representar a la Patria y los dirigentes de la AFA. Un día después, mientras las autoridades políticas argentinas decretan el cese del fuego y  se siguen produciendo focos de resistencia de las tropas argentinas, los jugadores se entrenan pensando en el próximo partido con Hungría.
En los días posteriores los combatientes argentinos son tomados prisioneros y algunos son  torturados y fusilados por los ingleses, pero los dos triunfos sucesivos del seleccionado de futbol en la “madre patria” tapaban las tristes noticias de la derrota en una guerra desigual que peleamos contra las dos potencias militares más grandes del planeta.
Esta circunstancia que relato y que me tocó vivir sintiéndome impotente y  desdichada,  es uno de los motivos por los que detesto los mundiales de futbol.
Hay otra razón y es  más poderosa que la anterior: El mundial de futbol, tal y como nos lo presentan a los argentinos es como el  “Pan y circo” romano.  Camisetas y gorros celestes y blancos, banderas argentinas, escudos nacionales, escarapelas por doquier y el himno cantado con un balbuceo incomprensible ahí donde no hay versos ni letra  para cantar.  Considerar que lo máximo del patriotismo es  ganar un partido de futbol  jugado por once jugadores multimillonarios que viven magníficamente en Europa -y la mayoría de las veces no  saben ni expresar lo que piensan-,  es desalentador.  Prender el televisor y ver que lo único importante en estos días es el mundial de futbol de Brasil y pasan inadvertidos los miles de millones de pesos que se gastan en torno del “futbol para todos” es  deprimente.  No se reivindica ni la educación para todos,  ni la salud para todos, ni siquiera el alimento para todos ( y todas ): solo es” futbol para todos para que no nos secuestren los goles”,  sencillamente asqueroso.
Es evidente, al menos para mi, que los argentinos hemos perdido mucho más que la estabilidad económica y la seguridad, hemos perdido la vergüenza.

domingo, 18 de mayo de 2014

los Cuatro Evangelios, y por qué cuatro?



En el 325, el emperador romano Constantino se enfrenta a un gran dilema: continuar persiguiendo a los cristianos y convertir  en comida para los leones al 50 % de pobladores del Imperio Romano,  o transformar al cristianismo en una religión acomodada a sus propios fines.  La gran movida política de Constantino fue convocar al Concilio de Nicea con la intención de unificar su religión mitraista con la naciente y pujante religión cristiana de la mayoría de sus súbditos.
Al concilio de Nicea I asisten los representantes cristianos, procedentes de Jerusalén y toda Palestina, con más de 40 evangelios, varias epístolas, muchos apuntes de los apóstoles, referidos a la vida y obra de Jesucristo. También asisten los que tienen en su poder las cartas escritas por el romano Saulo, mitraísta, conocido como Pablo, quien no había conocido  personalmente a Jesús y desconocía sus enseñanzas.
El objetivo del Concilio convocado, financiado y presidido  por el emperador Constantino, hijo de Flavia Helena, canonizada posteriormente como santa Helena de Constantinopla, es elegir cuatro evangelios y algunos otros pocos documentos con la intención de organizar el culto de la religión del Imperio Romano. Sin ninguna posibilidad de oponerse a la voluntad del Emperador y con la gran oportunidad de ser parte del poder político romano, la mayoría de obispos apoya lo propuesto por el emperador absolutista y tirano. Se produjo una pelea teológica en condiciones muy desiguales; el poder del imperio dominante con las armas a su favor, contra las creencias de una minoría sojuzgada pero colmada de fe.

Antes del Concilio de Nicea I, la mayoría de los documentos sobre la vida y obra de Jesucristo se consideraban  “canónicos”,  legítimos y verdaderos por grandes comunidades cristianas. En el siglo IV, bajo amenaza de muerte, los cristianos fueron dominados por Constantino I; se impuso Saulo-Pablo; el obispo Alejandro, defensor y amigo del emperador, sobre las creencias del sacerdote Arrio, exponente y defensor del cristianismo primigenio.
Después del Concilio Ecuménico de Nicea I, quienes persistieron en su creencia, admirando y reconociendo a Jesucristo como un Santo Profeta, ungido, elegido por Dios, con la misión divina de dar ejemplo de vida y sabios consejos, fueron acusados y condenados por blasfemia, por herejía; fueron responsabilizados del cisma o división religiosa dentro del Imperio, declarados malditos, anatematizados; y así, huyeron escondiendo  todos los documentos cristianos no incluidos en el Nuevo Testamento Niceno.
A partir de este primer Concilio, lo que no fue incluido en ese Nuevo Testamento, fue considerado apócrifo, prohibido, falso, herético, y, por lo tanto susceptible de ser ocultado o quemado.
Cuando los asistentes al Concilio se vieron frente a la necesidad de explicar al pueblo de Nicea el por qué de la elección de los cuatro evangelios y las razones para desechar el resto, emitieron un documento titulado “Libelus Synodicus”.
El documento Libelus Synodicus  decía que todos los documentos cristianos fueron colocados sobre un altar, en torno al cual se arrodillaron los obispos y pidieron en oración a Dios que los Evangelios que debían ser incluidos en el Nuevo Testamento permanecieran en el altar y que los no elegidos cayeran al piso. La respuesta de Dios fue un fuerte viento que envió al piso los documentos, quedando sobre el altar, los cuatro que hoy aparecen en el Nuevo Testamento tradicional. Y para estar seguros de que no existiera en los cuatro “evangelios elegidos por Dios” una sola palabra que no fueran aceptad a por Dios, los obispos iniciaron fervientes oraciones para pedir al Todopoderoso que eliminara de la mesa al evangelio que contuviera alguna palabra indigna. La respuesta de Dios fue la ausencia de caídas al piso, y los 4 evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan permanecieron sobre el altar. Y para que no quedara la más mínima duda de lo acertada de la elección, asegura el documento anónimo que el Espíritu Santo entró en el recinto del concilio en forma de paloma; entró a través del cristal de una ventana sin romperlo, voló por el recinto y se posó sobre el hombro derecho de cada obispo y, al oído de cada uno, empezó a decir: de todos, esos son los evangelios elegidos por Dios.
Y con esta explicación, los otros evangelios, epístolas y cartas, fueron declarados apócrifos. Quienes no aceptaron la explicación del Libelus Synodicus fueron llamados Herejes.
La decisión de elegir nada más cuatro evangelios, se debió a la influencia ejercida por Ireneo, obispo de Lyon, quien escribió contra los gnósticos en su obra “Contra las Herejías”, y en ella justificaba su preferencia por los cuatros evangelios en los siguientes términos: "El Evangelio es la columna de la Iglesia, la Iglesia está extendida por todo el mundo, el mundo tiene cuatro regiones, y conviene, por tanto, que haya cuatro Evangelios. El Evangelio es el soplo o viento divino de la vida para los hombres, y, puesto que hay cuatro vientos cardinales, de ahí la necesidad de cuatro Evangelios. El Verbo creador del universo reina y brilla sobre los querubines, los querubines tienen cuatro formas, y he aquí por qué el verbo nos ha obsequiado con cuatro Evangelios"
Se estima que, con lo no incluido en el Concilio de Nicea I, hay documentos suficientes como para editar más de 80 libros que contengan la vida y obra de Jesucristo.
Veintidos años antes del Concilio de Nicea I, en el año 303, el emperador Diocleciano se propuso destruir todos los documentos  cristianos que pudiese encontrar; por lo que las copias de los documentos apostólicos, que provenían de Jerusalen y circulaban en Roma, fueron destruidas pero no las que circulaban dentro de Palestina. Cuando Constantino I ordenó  hacer nuevas versiones de esos escritos para la compilación del Nuevo Testamento, dio la oportunidad a los custodios de la ortodoxia paulina católica romana tuvieron la oportunidad de  revisar, alterar, modificar y reescribir los contenidos para que coincidieran con su doctrina, sus creencias y sus conveniencias. En ese momento, se hicieron la mayoría de las alteraciones y modificaciones  a las copias y originales de los escritos cristianos, que sobrevivían en ese momento en Roma.
En 1976, se descubrió un gran depósito de manuscritos cristianos antiguos en el monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí. El descubrimiento se mantuvo en secreto hasta que lo publicó un periódico alemán en 1978. Hay miles de fragmentos, algunos anteriores al año 300 de nuestra era, incluyendo ocho páginas que faltaban del “Códice Sinaítico”  del Museo Británico.
Otros manuscritos cristianos escondidos fueron encontrados en el pueblo de Nag Hammadi, Egipto, en 1945 y en Hirbert Qumram, en 1947, y en otros sitio arqueológicos y se encuentran depositados en museos u organizaciones de diversos países y están siendo estudiado por los expertos.
Los documentos cristianos, tenidos en cuenta en el Concilio de Nicea I, fueron muy pocos y son, básicamente, paulinos (doctrina de Saulo-Paulo) y mitraísta (La religión de Constantino I)