domingo, 11 de diciembre de 2016

hasta la Victoria siempre, Comandante Fidel



un poco de historia cubana para entender mejor la revolución de la Sierra Maestra.
Hasta la victoria siempre, Comandante Fidel.

"En cuanto a mí, sé que la cárcel será dura como no la ha sido nunca para nadie, preñada de amenazas, de ruin y cobarde ensañamiento, pero no la temo, como no temo la furia del tirano miserable que arrancó la vida a setenta hermanos míos. Condenadme, no importa, La historia me absolverá". (parte del alegato de Fidel en su Jucio por el Asalto a La Moncada)

Cuba fue una de las primeras islas descubiertas por Cristóbal Colón en los últimos años del siglo XV y desde entonces, durante casi cuatro siglos, permaneció bajo el dominio español. En 1762 es invadida por los ingleses quienes  permanecen un año en la isla y desde entonces son determinantes para su desarrollo económico, reemplazados  algunas décadas después por los EEUU. En este período se inicia la explotación de los latifundios para el cultivo de caña de azúcar y tabaco con el empleo masivo de esclavos.
A principios del siglo XIX el movimiento de las colonias por la independencia se extiende por toda América Latina, salvo algunas excepciones, entre ellas, Cuba. Las clases dominantes cubanas temen la represión española y una rebelión de esclavos similar a la de Haiti, por lo que no les interesan los movimientos independentistas. Por entonces,  la colonia atraviesa un período de gran crecimiento económico. A mediados del siglo XIX Cuba es el principal productor de azúcar del mundo, y EEUU su principal comprador. La real aspiración de la élite cubana es convertirse en un estado de la Unión Americana.
La primera guerra civil por la liberación nacional producida entre 1868 y 1876, enfrenta a un sector de la clase dominante, cafetaleros, medianos productores de azúcar y ganaderos, de la parte oriental de la Isla, que se siente en clara desventaja respecto a los grandes hacendados de la parte occidental.  El ejército español tiene el  apoyo de EEUU. Los hacendados de Oriente abandonan la lucha por la independencia a cambio de algunas concesiones que les hace la Corona española.

En 1892 el poeta José Martí funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC), encabezando la segunda guerra de liberación nacional. Su movimiento cuenta con un amplio respaldo popular, los trabajadores, la población de origen africano, la burguesía urbana, los pequeños propietarios, los campesinos tabacaleros, lo apoyan incondicionalmente. Marti comprende  que la independencia formal de la corona española alcanzada por los demás países latinoamericanos no es suficiente en Cuba, es necesaria una “segunda independencia” que libere al país del asfixiante dominio del imperialismo norteamericano.

El proyecto de José Martí de un país independiente de España y de los Estados Unidos, una Cuba democrática y libre. Su proyecto se frustra con su temprana muerte, en mayo de 1895, bajo la metralla del ejército español. No obstante, la lucha de Martí deja una larga tradición revolucionaria, basada en el antiimperialismo y la intervención del pueblo  en la lucha. Aprovechando la represión indiscriminada del ejército español colonial y con la excusa de la defensa de la independencia de la Isla, el gobierno norteamericano decide intervenir en Cuba y el 10 de diciembre de 1898, con el tratado de París, toman posesión de la Isla, se hacen cargo del gobierno nombrando directamente a los administradores y desconociendo la autoridad de los líderes revolucionarios.

En 1901 el senado norteamericano vota la enmienda Platt, que se agrega como apéndice a la primera Constitución Cubana en la Asamblea Constituyente. Uno de los artículos de esta enmienda señala que: “(...) el gobierno de Cuba acepta que los Estados Unidos puedan ejercitar el derecho de intervención con el fin de conservar la independencia cubana y el mantenimiento de un gobierno adecuado a la protección de la vida humana, de la propiedad y las libertades individuales(...)” Con esta enmienda EEUU ratifica su absoluto dominio sobre Cuba que dura varias décadas. En 1902 los soldados norteamericanos abandonan la Isla que formalmente se transforma en una república independiente, pero USA  sigue influyendo poderosamente en la política y en el ámbito económico incrementando su dominio. En 1902, las inversiones norteamericanas ascienden a 100 millones de dólares y la United Fruit Company adquiere 7.500 hectáreas de tierra al precio de 50 centavos de dólar por hectárea. En 1909 el 34% del azúcar producido en el país proviene de plantaciones propiedad  de los Estados Unidos, el 35% de plantaciones de propiedad europea y sólo el 31% a propietarios cubanos que pagan hipotecas a bancos norteamericanos. Las empresas multinacionales controlan enormes territorios. En el campo, toda la actividad económica gira en torno a las grandes plantaciones de las que dependen la gran mayoría de los campesinos. Los pequeños propietarios están condicionados por el dominio aplastante de los extranjeros. Los presidentes que se suceden en aquellos primeros años de “libertad” -entre tentativas de golpes de Estado, de intervenciones militares norteamericanas y fraudes electorales- son  títeres del gobierno norteamericano. Por entonces Cuba se convierte en el primer productor mundial de azúcar.

En 1923 el presidente Zayas gobierna bajo la tutela de una comisión norteamericana presidida por el general Crowder, que es quien en realidad detenta el poder. El año 1925 es el fin de los gobiernos “democráticos” en Cuba. El gobierno norteamericano apoya la candidatura para presidente de Gerardo Machado, prototipo de los dictadores latinoamericanos que después de haberse dedicado al robo de ganado, ingresa en las fuerzas militares cubanas hasta llegar a general y gobierna el país mezclando grandes dosis de demagogia con la más brutal represión contra los opositores.

La crisis de 1929 golpea duramente a Cuba. La producción de azúcar se mantiene en sus niveles más altos mientras que el precio llega al mínimo histórico. En 1930 una huelga general en el Occidente de la Isla hace tambalear el régimen de Machado. El 19 de abril cincuenta mil  personas se manifiestan en La Habana contra la dictadura. Los norteamericanos construyen una eficiente red de transportes, mientras la mayor parte de los trabajadores del campo son asalariados y el país vive un estado de enorme atraso.
En la primavera de 1933 estalla una gran huelga general. La posición de Machado se hace cada vez más insostenible y la posibilidad de una intervención norteamericana se incrementa. Aceptando un mal menor, el dirigente sindical César Vilar, acuerda un pacto con Machado y se pone fin a la huelga para evitar la intervención de los EEUU.
En agosto se inicia la huelga en el sector del transporte, Machado intenta emplear al ejército para sofocarla pero los militares rehúsan  intervenir. La escalada de movilizaciones  alcanza un punto culminante y la población se lanza masivamente a la calle reclamando el fin de la dictadura. Finalmente Machado es destituido pero a pesar de ello  el movimiento popular no se detiene. Un grupo de suboficiales, con el apoyo de los estudiantes y de un sector de los trabajadores y la pequeña burguesía derrocan el gobierno del sucesor de Machado,  Céspedes y otorga  el poder a una junta de cinco miembros  presidida por Grau San Martín, profesor universitario y viejo opositor de Machado. El líder de los militares insurgentes es el sargento Fulgencio Batista quienes maniobran para lograr el control de la situación.
En  enero de 1934 derrocan el gobierno de Grau sustituyéndolo por distintos personajes manejables, y así se inicia el camino de Batista hacia el poder. Por entonces cerca del 25% de la población es analfabeta y la desocupación alcanza un porcentaje similar.
Tras el derrocamiento del presidente Grau San Martín, Batista controla a todos los presidentes que lo  suceden en el cargo. En el gobierno Provisional pasan Carlos Hevia que gobierna durante 6 días, Manuel Márquez Sterling cuyo mandato dura 6 horas, Carlos Mendieta -un año-  y José Agripino Barnet -menos de 6 meses- y que convoca a elecciones, donde es elegido Miguel Mariano Gómez que gobierna menos de un año y tras su renuncia llega a la presidencia Federico Laredo Brú quien es partidario de realizar una Asamblea Constituyente en 1939. Durante este período (1934-1939), Batista como Coronel-Jefe del Ejército, lleva a cabo una dura represión contra las movilizaciones campesinas  especialmente en 1935. En 1939, ante el propósito de crear una Asamblea Constituyente por parte del presidente Laredo Brú, trata de retardar su celebración lo más posible y luego se encarga de organizarla. Para ello, busca alianzas con partidos obreros. El 8 de junio de 1940 se promulga la nueva Constitución Cubana, en cuya Asamblea Constituyente participan personalidades y políticos destacados del momento. Esta Constitución introduce el semi parlamentarismo, la elección del Presidente por sufragio universal por un período de cuatro años, la intervención del gobierno en la economía y la seguridad social, entre otros elementos. Paralelamente se inicia un período favorable en la economía, lo que permite al gobierno hacer algunas concesiones a los trabajadores, como la jornada de 8 horas.
En octubre de 1944, Batista es electo presidente por la Coalición socialista democrática, apoyado y aconsejado por el gobierno de EEUU, concede una cierta apertura democrática e impulsa un mayor control del Estado sobre la economía, especialmente en la producción de azúcar y tabaco.
  En esa época, Cuba es un paraíso para los ricos turistas americanos, pero también es un infierno para la mayoría de la población, a pesar de ser considerada una de las naciones con mayor bienestar en América Latina. Un cuarto de la población es analfabeta y el porcentaje de niños que estudian es menor que en los años 20, sólo el 15% de las casas de las ciudades y  el 1% de las del campo tenían baño.

Al finalizar la primera presidencia de Batista es electo presidente para su segundo mandato Ramón Grau San Martín por el partido revolucionario cubano. Al finalizar el mandato le sucede por el mismo partido Carlos Prìo Socarrás que es derrocado por Fulgencio Batista en 1952 cuando se acercaban las elecciones, el gobierno norteamericano apoya este golpe de Estado y se inicia el
gobierno de facto de Batista durante el cual la mayoría  de la población sufre de represión y padece grandes carencias, viviendo en la miseria. Los negocios más rentables durante la Dictadura de Batista son principalmente los casinos, los hoteles lujosos donde no podía ingresar el pueblo cubano y  los prostíbulos. Estos negocios estaban controlados por capos de la mafia italo-americana radicada en EEUU. Desde 1835 Fulgencio Batista había robado  sumas millonarias  de la Lotería Nacional de Cuba, y con ese dinero soborna periodistas, obispos, políticos y líderes sindicales.
La oposición al gobierno de facto de Batista es muy fuerte entre estudiantes e intelectuales. La situación política y social  desencadena la formación de diferentes movimientos de oposición al régimen, entre ellos, el Movimiento 26 de Julio, guiado por un joven abogado llamado Fidel Castro.
El 26 de julio de 1953 un grupo de aproximadamente 120 jóvenes agrupados en torno a  Fidel Castro, asaltan el cuartel de Moncada, en Santiago de Cuba, con el fin de desencadenar un movimiento social que terminara con  la dictadura. El asalto a la Moncada fracasa y ocasiona la muerte y el fusilamiento de la mayoría de sus participantes y el encarcelamiento de los sobrevivientes,  entre ellos Fidel y su hermano Raúl. A pesar de ello, el asalto tiene una enorme influencia en la sociedad y la figura de Fidel pasa a ser muy conocida. La fuerte campaña internacional por la liberación de los encarcelados de la Moncada, unido a la necesidad del régimen de dar una imagen de normalidad, ocasiona su liberación dos años después, y Fidel  funda el movimiento 26 de julio y se exilia en México.

El ideal de Fidel está inspirado en Martí: un país con desarrollo próspero, socialmente justo e independiente, pero sin que ello signifique la ruptura con el capitalismo. Sin embargo, la historia tiene sus propios caminos. Medio siglo después de Marti la clase obrera tiene un peso decisivo en la sociedad y esto tiene consecuencias en el desarrollo del proceso revolucionario cubano
Durante 1955 y 1956 el Movimiento 26 de julio se dedica a organizarse en todo el país mediante direcciones provinciales y territoriales, mientras que, una parte de la Dirección Nacional, incluyendo a Fidel Castro, debe exilarse en México, donde organizan y entrenan a un grupo guerrillero con el fin de desembarcar en Cuba e iniciar una revolución armada.
En 1956  un grupo de 82 guerrilleros del Movimiento 26 de Julio, conducidos por Fidel Castro, se embarcan en México en el yate Granma para desembarcar en la Playa de las Coloradas, en el Oriente cubano, son integrantes del grupo Ernesto Che Guevara, Camilo Cienfuegos, Raúl Castro, entre muchos otros.
El 2 de diciembre de 1956 el Granma desembarca en las costas cubanas y los miembros del grupo guerrillero son emboscados por el Ejército de Batista. De los 82 miembros originales de la expedición se reagrupan dando origen a la leyenda guerrillera de la Sierra Maestra. Después de  un mal comienzo y gran número de bajas, un pequeño grupo de aproximadamente 12 personas, el Ejército Rebelde, logra instalar una base guerrillera en  la Sierra Maestra, aumentando sus filas a 400 hombres en febrero de 1958. Las fuerzas de Batista alcanzan los 50.000 hombres. Para enfrentar al Ejército Rebelde, las tropas de Fulgencio Batista   lanzan una ofensiva con apoyo aéreo y terrestre para cercar y destruir a los guerrilleros ocultos en la Sierra Maestra, entre abril y agosto de 1958, Esta campaña termina en un fracaso decisivo del ejército del dictador para el desarrollo del conflicto.  
El programa original del movimiento guerrillero se expresa en el Manifiesto de la Sierra Maestra, es restaurar la Constitución de 1940 y realizar una  reforma agraria. Sobre esta base impulsan una política de alianzas con el resto de las fuerzas opositoras con las que firma el Pacto de Caracas.
Al mismo tiempo la lucha de obreros y campesinos socava  los cimientos de  la dictadura de Batista. En 1955 los trabajadores del azúcar en las ciudades de Santiago, Camagüey y Las Villas declaran una violenta huelga reprimida duramente por la dictadura. Los zafreros  pasan de solicitar aumentos de  salarios a exigir el final del gobierno dictatorial. En 1957 una huelga general en la ciudad de Santiago, después del asesinato de Frank Pais, popular dirigente urbano del M26 decide a los revolucionarios a incorporar a la lucha por la liberación de Cuba al factor social de los trabajadores, según lo declara el mismo Che.  Inmediatamente comienzan las labores clandestinas en los centros obreros para preparar una huelga general que ayude al Ejército Rebelde a conquistar el poder”.
Luego de derrotar el cerco militar sobre la Sierra Maestra, a fines de 1958, las columnas del Ejército Rebelde dirigidas por el Che y Camilo Cienfuegos propinan una fuerte derrota al ejército de Batista en el combate de Santa Clara. Una huelga general de cinco días posibilita la entrada del ejército rebelde a La Habana en enero de 1959 y la posterior instauración del gobierno provisional de Manuel Urrutia Lleó, antiguo Presidente de la Corte Suprema. Finalmente después de dos años de guerra los rebeldes vencen a las fuerzas de Batista. Por entonces ya suman unos  de 3.000 revolucionarios y la guerra había costado la vida de entre mil y dos mil quinientas personas.
El 1° de enero de 1959 las fuerzas del Ejército Revolucionario encabezadas por Fidel Castro ingresan victoriosas en Santiago de Cuba y el dictador Fulgencio Batista huye hacia EE.UU dando inicio a la revolución cubana. Grandes multitudes reciben al Ejército Rebelde en La Habana Una semana más tarde, el 8 de enero, una huelga general derrota las maniobras de los partidarios de Batista que buscan reinstalarse  en el poder mediante la creación de una junta militar.
Después de la toma del poder, Fidel Castro, el Che Guevara y Raúl Castro  influyen enormemente para que el Movimiento 26 de julio se identifique con la ideología socialista provocando fracturas internas y alejamientos. Por esta razón algunos de sus integrantes se declaran contrarios a la revolución, como Huber Matos, que deseaba  establecer un gobierno nacionalista alejado de las transformaciones sociales. En el inicio del gobierno de la revolución  la mortalidad infantil alcanza los 60 niños por cada 1000 nacidos, el analfabetismo es superior al 40% y la falta de vivienda castiga  a los habitantes de las ciudades y los poblados. En el campo los terratenientes explotan despóticamente a multitud de campesinos despojados y peones rurales. La miseria estaba generalizada.
La revolución termina con el Ejército dejando su lugar a las milicias del Ejército Rebelde integradas por peones rurales, obreros y campesinos, que acompañarán al nuevo poder. Esta situación asusta a la burguesía y a los terratenientes que en un principio miran con buenos ojos al movimiento de los “barbudos” de la Sierra Maestra, pero que ante el avance de la revolución comienzan a boicotear al gobierno. Los roces del nuevo gobierno con el imperialismo comenzaron muy pronto ocasionado por  los tribunales revolucionarios y la reducción de alquileres y tarifas para los trabajadores. La relación se agrava aún más a partir de mayo de 1959 cuando se promulga la Ley de Reforma Agraria. En julio de 1959 Urrutia expulsa de la jefatura del Ejército a Fidel. La movilización obrera y campesina lo restituye en su cargo, lo que obliga a la renuncia de Urrutia. El poder queda en manos exclusivas del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro.
“Una revolución de contragolpe” es la forma en que Ernesto Guevara define a la revolución cubana, la describe  como un proceso de ataques y contraataques. La actitud hostil de la burguesía y el imperialismo radicaliza la revolución empujando al gobierno a la ruptura con la burguesía, mientras la movilización de las masas toma su propia dinámica. Seis mil obreros de la Cuban Electric Company deciden el paro por aumento de los sueldos, los de la petrolera Shell Oil y los 21 ingenios azucareros que sufren retrasos en la zafra también inician  reclamos salariales. El 29 de junio de 1960 se interviene la Texaco y el 1º de julio, la Esso y la Shell. En este mismo mes EE.UU. suspende la compra de azúcar a Cuba como presión económica. En agosto son nacionalizadas todas las compañías norteamericanas de los sectores petrolero, azucarero, telefónico y eléctrico. En octubre se estatiza la banca nacional y extranjera y casi 400 grandes empresas (centrales azucareras, fábricas y ferrocarriles) y se sanciona la Ley de Reforma Urbana dando la propiedad de la  vivienda a miles de inquilinos.  En enero de 1961 los norteamericanos rompen relaciones oficiales con el gobierno cubano y en abril organizan la invasión de los exiliados cubanos, armados y entrenados por la CIA, a Bahía de los Cochinos. Las milicias populares derrotan la incursión en pocos días y se proclama el carácter socialista de la revolución.
La revolución indica a los cubanos que para lograr la liberación nacional, el fin del latifundio y la resolución del problema de la vivienda mediante la reforma urbana, hay que combatir a las burguesías criollas, destruir su aparato represivo, expulsándolas del poder político y expropiando sus propiedades. Eso hace el gobierno de la Revolución. Los negocios organizados por la mafia son clausurados y uno de los capos, Santo Trafficante Jr., es detenido. A causa del descontento social, hay revueltas violentas contra estos negocios, provocando incendios y destrozos. En los primeros cuatro años del gobierno revolucionario casi trescientos mil cubanos directamente relacionados con la dictadura de Fulgencio Batista emigran hacia los Estados Unidos que inmediatamente los considera refugiados y les facilita económicamente la instalación en su territorio. A esto se unía la aplicación de una política asistencial preferencial, cuyo punto culminante se produce en 1961 con la aprobación del Programa de Refugiados Cubanos. El Programa para los cubanos alentaba la emigración desde Cuba, hasta su conclusión en 1975, dispuso de algo más de 100 millones de dólares anuales para incitar la inmigración cubana.
Mientras la burguesía cubana era alentada a emigrar, se instalaba un gobierno socialista con la intención de tomar medidas serias para lograr la igualdad entre los habitantes cubanos. El gobierno norteamericano entiende que se hacia necesario evitarlo porque afectaba a los intereses norteamericanos en la isla y porque era un ejemplo a imitar para el  resto de América Latina.
  Con el objetivo de derrocar a la Revolución que avanzaba de forma incontenible, el 28 de enero de 1959 con la complicidad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y el Buró Federal de Investigaciones (FBI) se fundaba la primera organización contrarrevolucionaria en territorio norteamericano, cuyo jefe era el  batistiano Rafael Díaz – Balart.
  Los Estados Unidos llevaron a cabo entonces numerosas acciones contra Cuba, efectuadas por la contrarrevolución interna y externa, apoyadas por el imperialismo yanqui, lo que empeoraba las relaciones entre los dos países. Los planes de sabotajes y atentados a líderes revolucionarios, en particular a Fidel Castro, se irían incrementando paulatinamente.
  Durante octubre de 1959 se incrementaron las violaciones del espacio aéreo cubano por aviones, que desde territorio norteamericano, efectuaban sabotajes en centros económicos bombardeando centros azucareros e incendiando plantaciones de caña de azúcar. En octubre de 1959 varios aviones ametrallan la ciudad de la Habana provocando 2 muertos y  50 heridos.
  El 4 de marzo de 1960, los servicios de inteligencia estadounidenses provocan la explosión  en el puerto de La Habana del barco francés La Coubre. El trágico hecho ocasionó la muerte de 60 personas y más de 200 heridos. Fue en el acto de despedida de duelo por las víctimas del criminal sabotaje, cuando Fidel lanzó la consigna de “¡Patria o Muerte!” y donde fotografiaron al Che, inmortalizando su imagen como prototipo del revolucionario.
El accionar de los norteamericanos y los exilados cubanos en USA aceleraron las medidas del gobierno cubano. Se aplicaron leyes sobre minería que prohibían nuevas concesiones. Se crea el Departamento de Industrialización, que debía ocuparse de fomentar el desarrollo de la industria nacional, y la intervención estatal de empresas que trataran de entorpecer el desenvolvimiento económico del país.
  El 6 de agosto de 1960, el gobierno cubano dictó la ley mediante la cual se nacionalizaban 36 centrales azucareros norteamericanos.
 Se nacionalizaron las compañías de teléfonos y electricidad de propiedad estadounidense, y las refinerías de petróleo.
  El 17 de septiembre se nacionaliza la banca norteamericana.
  El 13 de octubre se dicta la Ley, mediante la cual se nacionalizaban 383 grandes empresas nacionales.
  El 24 de octubre se transfirieron al Estado cubano las 164 empresas norteamericanas que aun quedaban en el país.
  En septiembre de ese mismo año, Fidel viajó a Nueva York, a la sede de la organización de Naciones Unidas (ONU) donde denunció las agresiones imperialistas contra Cuba en la XV Asamblea General de ese organismo.  A cada agresión norteamericana, el gobierno de la revolución contestaba con una nueva medida. De este modo, la Revolución entraba en su etapa socialista, victoriosa ante todas las agresiones e intentos de derrocarla, con un pueblo unido, organizado y dominado por un único deseo, librarse del dominio norteamericano y eso lo han logrado, el resto, es otra historia.


 


el mito Fidel



Objetivo: un mito del siglo XX
“Si se me considera un mito, es mérito de los Estados Unidos."
Esta afirmación de Fidel Alejandro Castro Ruz encierra mucho de verdad. Fidel Castro, el eterno líder de la revolución cubana, es uno de los últimos mitos vivientes del siglo XX y una parte de la construcción de ese mito se debe al poderoso país del norte.
El siempre eterno Fidel no ha pasado desapercibido en su larga vida,  ha organizado una revolución, ha sido el artífice de la República de Cuba,  ha  piloteado el descontento contra el imperialismo norteamericano, ha sido el referente de la izquierda mundial, ha inspirado la lucha armada de la guerrilla y lo que no es poco, ha  sorteado  con éxito a más de 640 intentos de asesinato.
Con habanos envenenados, explosivos, francotiradores, mercenarios o bellas espías, Fidel ha sido el blanco de sus enemigos durante más de cinco décadas, pero el líder cubano se espera que llegue vivo a los 85 años el próximo 16 de agosto aunque convaleciente de una enfermedad.
Los relatos que se escuchan sobre  los intentos del magnicidio se parecen a los filmes de espías y  todos fracasaron a minutos de cumplir su objetivo. En una ocasión, le regalaron una caja de habanos envenenados que el comandante decidió no fumar, más tarde lo intentaron con un batido de chocolate pero el encargado de colocar  la cápsula de veneno se arrepintió. La bomba oculta en el lugar donde practicaba la pesca submarina fue descubierta por sus custodios.  El traje de buzo envenenado que le regalaron nunca fue estrenado ya que el que usaba regularmente era nuevo.
El agente del  FBI Allen Nye que intentaba balearlo fue detenido por la policía. Frank Sturgis de la CIA no pudo llevar a cabo sus planes de matarlo por razones que se desconocen.  Marita Lorenz reclutada por Sturgis se negó a asesinarlo por amor. Walter Martino, contratado por la Central de Inteligencia,  fue detenido en  el momento de colocar una bomba  bajo la tribuna donde hablaría Castro poco después. David Atlee Phillips, alias Maurice Bishop, agente encubierto de la Cía en Cuba,  encargado de dirigir la guerra psicológica contra el gobierno de ese país, intentó dispararle en varios actos públicos pero no pudo hacerlo. Una carga de poderosos explosivos a punto de ser colocados por un comando anticastrista en la Universidad de Panamá donde hablaría Fidel, fue descubierta por la policía.
Y los intentos, tanto del gobierno norteamericano como de los opositores a Castro, siguieron en forma constante desde que “la momia habanera” como lo llaman en Miami los exilados cubanos, llegó al poder en 1959.
Junto a los planes de asesinato también se pueden contabilizar estrategias  que intentaban ridiculizarlo: rociar con LSD un estudio de televisión para afectar su conducta, espolvorear sus zapatos con un polvo especial para que se le cayera la barba y otros complots tan creativos como ridículos.
El atentado al vuelo 455 de Cubana, el 6 de octubre de 1976, donde murieron 73 personas, fue un plan del ex agente de la Cia Luis Posada Carriles en un intento de desprestigiarlo junto a su gobierno.
En 2007 se desclasificaron los documentos de la Cía llamados “Joyas de la Familia”, se conoce entonces la  Operación Zrrifle que planificaba un nuevo intento de asesinato de Fidel Castro empleando como brazo ejecutor a la Mafia italo-cubana-norteamericana a la que se le ofrecía un millón de dólares por ello.
Los intentos de asesinato contra el líder cubano, la organización de grupos de bandidos en las sierras cubanas, la infiltración de grupos para sabotear objetivos civiles y militares cubanos, el incremento de ataques piratas a las costas del país, la guerra bacterológica contra la agricultura, los secuestros de naves aéreas y marítimas, el aliento a los balseros, las provocaciones militares en aguas jurisdiccionales cubanas, los vuelos espías, la entrega de dinero como aliciente a los exilados cubanos al llegar a territorio norteamericano, las agresiones a las representaciones cubanas en distintos países, el reclutamiento de técnicos y científicos cubanos, la introducción en Cuba de un virus de la fiebre porcina africana que terminó con el ganado de esta especie, los atentados terroristas contra blancos cubanos, el famoso bloqueo…..
Una persona que sale indemne de 640 intentos de asesinato algo ha de tener. Suerte quizá?
Ángel? . Por algo se llega a líder de un pueblo, a mito, a icono de una generación. Por algo será.

lunes, 28 de noviembre de 2016

hasta la victoria siempre; Comandante


Fidel y el fin de una Era

 


por Pablo Pozzi
Me levanté hace un rato para enterarme que se había muerto Fidel. Y me invadió una pena enorme. Hace una década que lo esperaba, pero al mismo tiempo no quería que muriera. Fue algo así como sentir que se había apagado una luz y con ella la voz de la razón. Según los diarios fue un «revolucionario finalmente derrotado por la enfermedad y la vejez», o «un dictador», o «una persona con grandes logros y fracasos que dominó Cuba durante medio siglo». Más allá de que muchos me hicieron enojar bastante, por su terrible mezquindad ya que no le llegaban ni a las suelas de los zapatos, me pareció algo casi generacional, más que ideológico. Para mí Fidel no era sólo el líder de la Revolución Cubana, uno de los más grandes latinoamericanos de la historia, sino que era algo así como parte de mi familia y de mi vida. Con eso quiero decir que era como esos tíos a los que admiras pero que también criticas. Fidel fue un grande entre los grandes, y precisamente por eso causó tanto encono entre sus enemigos y tanta lealtad y cariño. Y así aquellos que hoy tienen 30 añitos o menos pueden tener otra percepción en parte porque no vivieron lo que significó, y tampoco cómo cambió el corazón y la mente de los pueblos latinoamericanos.
Mi primera consciencia de que había alguien llamado Fidel fue cuando tenía seis o siete años y recién ocurría la Revolución. Y junto a la perra Laika, marcaron mi vida. Mi viejo, admirador de la gesta cubana, escuchaba los discursos de Fidel por radio. Un buen día ahí estábamos jugando, yo con más o menos ocho años y mi hermana con cinco, cuando Fidel se mandó uno de esos discursos kilométricos. No recuerdo todo lo que dijo, pero sí que dijo (palabras más, palabras menos) que la Revolución era para los niños, para que no tuvieran hambre. Así como el futuro era nuestro, era también nuestra responsabilidad estudiar, aprender, y pensar para que así fuera. Eso de hacer la tarea no me gustó nada, pero igual me emocionó hasta el día de hoy. No sé por qué, al fin y al cabo, todos pero todos los políticos dicen que van a proteger y ayudar a la niñez, pero Fidel me convenció. Y me convenció que a él si le importábamos y que se jugaba por nosotros.
Luego vino la muerte del Che en Bolivia y el discurso de Fidel a su amigo y compañero. Lloré como desgraciado y en mi casa todos estábamos como que se hubiera muerto un hermano. En el medio se hablaba del socialismo «a la cubana» y también me pareció sensacional. La revolución tenía que tener características propias, y no eran recetas sacadas de manuales. Y eso se refrendaba en la práctica: Cuba era el refugio de muchísimos; su solidaridad con los pueblos fue legendaria; era el único Estado en el mundo queuchaba contra el machismo y el racismo que invadían la cultura popular. Y en 1970, una vez fracasada la cosecha de los 10 millones de toneladas de azúcar, cuando Fidel se paró y presentó su renuncia junto con su autocrítica, me pareció y me parece de lo más emocionante. ¿Cuántos políticos fracasan y lo admiten poniendo su cargo a disposición del pueblo? Yo sé de uno solo: Fidel Castro. Y de ahí hasta el día de hoy. Basta ver la autocrítica que se hace durante el «Período Especial» luego de la caída de URSS.
Quizás lo que más me impactaba de Fidel es que no sólo era un gran revolucionario sino también un ser humano de carne y hueso, mejor que muchos e igualito que otros. Fumaba puros, le gustaba el ron, trabajaba duro, se equivocaba y lo reconocía. Y sus errores no eran nimiedades, como por ejemplo sus posturas anti gay (corregidas más tarde, aunque no del todo) o el «caso Ochoa». Pero el punto no es que era perfecto sino que estaba dispuesto a corregir sus equivocaciones. Quizás por esto, hace ya muchos años, unos sociólogos yanquis hicieron una encuesta en Cuba (siempre me llamó la atención cómo se les permitía ir y hacer cosas allá) donde le preguntaron a miles de cubanos «aparte de familiares, quién era la persona que más admiraban». Ni Fidel, ni el Che, ni Camilo Cienfuegos figuraban. Estaban felices por haber demostrado que los cubanos no lo querían a Fidel. Hasta que a uno se le ocurrió preguntar si esos tres eran parte de la familia. La respuesta fue contundente. Y como corresponde, no pudieron publicar sus resultados porque el gobierno yanqui nunca lo hubiera aceptado.
Repaso los diarios y veo que los «exiliados» (gusanos) cubanos en Miami celebraban. Me pareció de una mezquindad horrorosa y de una bajeza increíble: celebraban la muerte de uno de los personajes más grandes de la historia. The Guardian de Londres insistía que la «revolución fue un éxito en salud y educación y un fracaso en economía». ¿Cómo se puede fracasar en economía si tu gente está bien alimentada y educada? Sólo si tus criterios de «éxito económico» no incluyen a la gente. Para mí la Revolución ha sido tan exitosa que los cubanos no solo tienen educación, vivienda, salud y trabajo, sino que hasta ahora demandan cosas impensadas hace 50 años. En ese sentido, rodeada, agredida, cubierta de infundios, la Revolución Cubana sigue erigiéndose como la alternativa al capitalismo y, sobre todo, a su versión neoliberal.
En eso también hay que tener cuidado de caer en la crítica pequeñoburguesa. Todos tienen vivienda en Cuba, aunque no es de buena calidad. ¿Es mejor algunos que viven en mansiones y otros en villas miseria? En Cuba no hay villas miseria y a mí eso me parece central. La salud es pública, gratuita y de alta calidad. En la educación hay becas y el ingreso es restringido, o sea con examen. Me parece bien que se tome el estudio como algo a tiempo completo, y que si no estás dispuesto a hacerlo pues no tenemos por qué financiarte. Todos se quejan de que no hay que comprar en los almacenes y que las heladeras están vacías. Cierto. Pero tampoco hay hambre y los niveles de nutrición son más altos (mucho pero mucho más altos) que en Estados Unidos. Y todos tienen trabajo; a veces trabajo inútil (ascensorista que aprieta el botón del ascensor), pero trabajo al fin. O sea, nadie te regala nada. ¿Sería mejor que todos fueran trabajos productivos? Indudablemente. Pero sería mucho peor que te dieran un subsidio por hacer absolutamente nada generando un lumpenproletariado cada vez más marginal. Cuando recuerdo a Fidel, me viene la mente el campeón de estos planteos: cosas que realmente mejoren la vida del pueblo. Digamos, como cuando Lenin decía que la electrificación era la muestra de la Revolución. Obvio, si cada vez que el mujik prendía la luz veía el cambio en su vida… hasta que se acostumbró y sus nietos lo dieron por sentado y ahora quieren un televisor HD.
Diversos sectores de izquierda le critican agriamente cosas como «el giro capitalista», «el autoritarismo», «la burocracia» de Cuba. En parte tienen razón, pero solo en parte. En la otra parte coinciden con la «gusanera» de Miami. La buena crítica, la que no es meramente destructiva, no sólo tiene que apuntar a lo que está mal sino tiene que decir qué se puede hacer para resolver los problemas de fondo. Por ejemplo, el «giro capitalista» es algo bien complicado. Yo creo que no hay tal cosa como una «revolución en un solo país». Y si es así ¿cómo hacemos para que Cuba sobreviva luego de la caída de la URSS? Así como Lenin se vio obligado a implementar la Nueva Política Económica (NEP), la Revolución Cubana ha tenido que modificar aspectos de su sistema para poder preservar otros. ¿Tenían otra opción? Es posible, el tema es que hay que decir cuál es. Yo apuesto a que Cuba y sus conquistas sociales sobreviva y siga señalando un camino alternativo. Eso es lo central, lo otro es idealismo puro.
¿Y la burocracia? También es cierto. El problema es cómo llevar adelante un Estado sin que el funcionariado se burocratice. La opción remite a la vieja discusión entre marxistas y anarquistas: hay que destruir el estado. ¿Es posible? Sobre todo en el contexto de una agresión permanente por las grandes potencias capitalistas. Cuba intenta combatir los peores efectos de la burocratización, con resultados bastante mixtos. No sólo hay que señalar el problema, sino también decir cómo se puede hacerlo mejor.
Lo del autoritarismo es aún más complejo. Claramente Cuba no es una dictadura, o por lo menos aquellos que hemos conocido dictaduras sabemos que no es así. Y Fidel no fue un dictador. Los cubanos se quejan, critican, protestan. Al mismo tiempo, no hay posibilidad de organizarse para incidir políticamente. Pero también todos, hasta los norteamericanos, admiten que la amplia mayoría de los cubanos apoya la Revolución. Y el Primer Congreso del PCC fue un ejemplo para todo el mundo: toda la población fue convocada para participar, enviar críticas y sugerencias, que luego fueron volcadas en el Congreso. Lo que se aprobó por ahí no fue, en todos los casos, algo con lo que yo coincida, pero el nivel de participación popular fue como en ningún lado del mundo a través de la historia.
Es cierto que la seguridad del Estado es una presencia, discreta pero constante. Al igual que es cierto que hubo más de 600 intentos de asesinar a Fidel, y que Cuba sufre permanentemente la agresión y desestabilización de los Estados Unidos. Lo ideal sería que no hubiera organismos de seguridad del estado. Pero también lo ideal es que la revolución fuera mundial y que Estados Unidos no fuera una bestia capitalista.
Cuando visité Cuba, hace ya muchos años, el PCC y la prensa revelaban un carácter fuertemente stalinista que expresaba escasa confianza en las masas; pero, paradójicamente, tenía un gran apoyo de masas. Uno de cada siete cubanos adultos era del PCC/UJC. Se ingresaba por cooptación y ratificación de masas. Era fácil ser expulsado por violaciones de conducta, por lo que tenía un alto nivel de moral revolucionaria. Al mismo tiempo la vida interna jamás salía a la luz y era casi hermético. Sus posiciones políticas no parecían discutirse con las masas; se bajaban, no se explicaban. Así ser del PCC era un honor, pero también era una forma de hacer carrera. Un honor que incluía ciertos beneficios (no grandes, pero beneficios al fin). También incluía grandes responsabilidades y sacrificios. En este sentido el PCC no era el partido soviético y era respetado por las masas; pero también no parecía ser un partido que articulara/elevara la conciencia de las masas. Los militantes con los que hablé me repetían casi textualmente las mismas anécdotas; distintos individuos se quejaban de no entender la política estatal y que el PCC no brindaba explicaciones. Esto último no era muy cierto que digamos. El PCC explicaba su política y la situación hasta el cansancio; pero esas explicaciones tendían a ser superficiales y, en la mayoría de los casos, se reducían al problema del bloqueo/desintegración de la URSS.
Lo mismo se puede decir de la intelectualidad cubana. Hay muchos libros sobre el Che, sobre la Revolución, discursos de Fidel y bastante literatura. Es muy escaso el material sobre cuestiones internacionales, bastante limitados los debates sobre Cuba, ausente totalmente obras sobre marxismo. No existen libros sobre los países/experiencias socialistas. No hay análisis sobre la caída de la URSS y menos aún sobre el modelo cubano de desarrollo. Las obras escritas por cubanos tienen una bibliografía actualizada en cuanto a los liberales y conservadores norteamericanos, pero casi nada de la izquierda. Esto último es importante. Es evidente que los universitarios cubanos tienen acceso a bibliografía pero que esta no incluye (o no leen) nada contestatario. El resultado es que las ciencias sociales son pobrísimas: leen a Milton Fridman, a Franz Hinkelammert, y a Robert Tucker, pero no a Habermas, Offe, Thompson, Sweezy, Chomsky o Said. Por otra parte, en apariencia las ciencias duras y médicas son muy avanzadas y manejan conocimientos y discusiones de punta. Por otro lado, desde hace ya una década que vienen tratando de revertir esto, con marchas y contramarchas, abriendo la discusión y generando algunas cosas bien interesantes.
Todo esto en un contexto que los cubanos tienen una gran capacidad de reírse de sí mismos y de la Revolución y de hacer chistes sangrientos, sin que esto implique ser contrarrevolucionario. Un ejemplo de esto fue que un militante del PCC me contó los chistes más duros sobre Fidel (En el campo Fidel se cae en una zanja. Un campesino pasa por ahí y Fidel le grita «Ayudame, chico. Soy Fidel y estoy malherido». Le responde: «Tú no estás malherido, estas mal enterrado».) así que no todo lo que dicen los cubanos debe ser tomado literalmente. Hay críticas justas, comentarios tontos, y muchas opiniones que pueden tener algún fundamento o ninguno. Por ejemplo, una vez hablé con un artista que me relató que era perseguido por pensar distinto. Me solidaricé hasta que me dijo que vivía de la beca que le pagaba el estado cubano. Digamos, ese muchacho no sabe lo que es ser perseguido.
Un amigo me dijo que «había un culto a la personalidad con Fidel». Además que el párrafo anterior pone esto en duda, me parece que ese pibe no sabe de qué está hablando. No hay estatuas, ni calles, ni ciudades, ni monumentos a Fidel Castro. La Juventud Comunista dice «seremos con el Che», y no «seremos como Fidel». Claramente no tiene nada que ver con el culto stalinista, o si es por eso con los cultos a Perón o Néstor Kirchner, o a Franco, o tantos otros. Fidel es respetado no por un culto fomentado desde el estado sino porque se lo ganó a pulso, con una vida de acierto y errores, y sobre todo de compromiso con su gente.
En cierto sentido la Revolución Cubana y Fidel Castro han sido algo inescindible, muy humano, maravilloso y terriblemente contradictorio. En realidad es una revolución realmente existente, con inmensos logros, y también con una construcción de caminos para los cuales no hay, ni hubo nunca, una experiencia previa. Yo tengo críticas, pero también me doy cuenta de que es probable que no pudiera hacerlo mejor.
Fidel fue producto de la lucha de clases latinoamericana. No sólo planteó un mundo mejor, sino que se puso a construirlo. Su gran legado es que la revolución es algo posible, y a la vez complejo. No fue un ortodoxo, pero sí un marxista cuya dialéctica se basaba en las necesidades prácticas concretas. Y la guía de todo eso era mejorar constantemente la vida de todo su pueblo, y no sólo de algunos. Eso lo logró. Y por eso sentimos su pérdida. Pero creo que estaría de acuerdo con la vieja consigna: «No hay que llorar hay que organizarse».
26 de noviembre de 2016

lunes, 8 de agosto de 2016

respuesta al periodista del diario Clarín: Marcelo Moreno



Estimado sr  Moreno
Agradezco su respuesta y el tiempo que ha dedicado a este intercambio democrático. Lamento de verdad que el tenor de mi carta no haya quedado claro. No he refutado sus afirmaciones porque son ciertas, simplemente he dicho que me parece mal e indigno de una opinión objetiva que se haya sintetizado al peronismo de esa manera. No lo llamé gorila recalcitrante, dije que los peronistas ortodoxos lo llamarían así. Fui criada en un hogar con padres peronistas y conozco de primera mano todo lo malo y todo lo bueno del peronismo, como también conozco lo que han hecho los gobiernos posteriores que transformaban a mis padres en desocupados por el simple hecho de haber sido peronistas. Así q no se trata de ángeles o demonios porque no hay de ninguno de los dos. Con respecto a los pobres que menciona le hago saber que mis abuelos fueron inmigrantes analfabetos refugiados de guerra, mis padres obreros que solo habían terminado la escuela primaria, que en mi casa faltó comida muchas veces y que soy universitaria porque asistí a la universidad trabajando de día y estudiando de noche.
Lamento de verdad que en este momento histórico donde la célebre grieta divide familias, amigos e incluso a la ciudadanía, se hagan afirmaciones totalmente parciales y tendenciosas que tanto contribuyen a profundizar la discordia entre las personas. Lamento que ud piense que un gobierno elegido por el pueblo deja de incluirse dentro de la democracia cuando los funcionarios hacen lo que no le gusta a un sector de la sociedad. Según la CN un pueblo no delibera ni gobierna sino por medio de sus representantes y dentro de esa misma Carta Magna se detallan los procedimientos que se deben seguir cuando los gobernantes no se ajustan a sus obligaciones y el sector disconforme puede emplear los mecanismos correspondientes para oponerse. Si vamos a hacer un listado de errores de los gobernantes podríamos llenar varios cuadernos completos, pero no se trata de eso, se trata de ser lo más objetivos posibles para acercarnos a la verdad, por lo menos es mi opinión y es lo que he tratado de hacer en 40 años de docencia, informar sobre lo malo pero también sobre lo bueno. Para que cada uno saque sus propias conclusiones: Rosas no solo fue la Mazorca, también fue la Vuelta de Obligado. Un tigre es tremendamente peligroso pero también es magníficamente bello. Para que no haya malos entendidos le aclaro que repudio totalmente la corrupción y que creo que los ladrones y los coimeros deben estar presos.
Como estudiante en la década del 70 se muy bien lo q fue la triple A porque lo sufrí en carne propia pero también se lo que fueron los montoneros, el Erp, los militares, los medios de comunicación, la ciudadanía distraída, los políticos enmudecidos por el miedo, los cómplices de la barbarie que se cometió, etc etc. A mi no me lo contaron, yo lo vivi. Ud dice que Perón podría haber sido De Gaulle y eligió ser Perón, no coincido por varias razones entre ellas que Argentina no es Francia, nosotros no somos franceses, somos argentinos con TODO lo que ello implica -que no creo necesario aclarar-  y porque Perón fue él y sus circunstancias, su nacimiento, su educación, su realidad social e histórica y fundamentalmente porque fue lo que fue, se puede aceptar o no pero no se puede  negar.
Coincido con ud en relación a los gobiernos de Menem y CFK y lamento que la mayoría los hayan votado y luego confirmado para un segundo mandato. Teniendo en cuenta lo reiterado de nuestra situación en relación a los gobiernos que elegimos, quizá haya llegado el momento de dejar las hipocresías de lado y discutir si en un país donde el voto es obligatorio y la mayoría no sabe votar y en lugar de emplear la razón para hacerlo vota según sus pasiones, la democracia es la mejor manera de elegir a los gobernantes.
Para finalizar creo que los docentes y los formadores de opinión debemos alzar como una bandera la objetividad, la responsabilidad y la oportunidad, antes de hacer comentarios. Pero esto es solo mi opinión. Agradezco el tiempo que me ha dedicado y lo saludo con atenta consideración



intercambio de opiniones con el periodista Marcelo Moreno del diario Clarín.

respuesta del periodista Marcelo Moreno (diario Clarín) a mi carta anterior:
Estimada supervisora :
En primer lugar, le agradezco mucho sus muchas lecturas y también celebro de que hayamos coincidido en nuestras opiniones.
En cambio, lamento de verdad que a esta altura del partido y con lo que el peronismo le ha hecho al país (casi 24 años de pésimos gobiernos en 30 años de democrácia efectiva). Por que nadie hablaría de democracia en serio al referirse a a los dos primeros gobiernos de Perón, caracterizados por la censura total, la persecución de la oposición, el acaparamiento de los tres poderes por el gobierno de turno y un autoristarismo que llevó a un culto a la personalidad traducido hasta en en los libros de la escuela primaria todos adornados con las figuras de Perón y Evita.
Usted me llama gorila recalcitrante, pero no refuta ninguno de los hechos que nombro. Y nombro pocos. Perón fue el fundador más que explícito (ver su último discurso ante la CGT) de la Triple A, entre otras maravillas. Y el mentor de José López Rega. Y de Isabelita.
Que haya sido tres veces presidente de la Argentina no me parece un logro tan destacado si uno piensa que Menen lo fue dos veces y Cristina K también. Y que haya hecho mucho por los pobres, lo que hizo, que lo hizo, en todo caso fue transitorio y refutado por sus seguidores: hoy hay 14 millones de pobres en un país potencialmente rico.
Perón, dadas las condiciones que en recibió su mandato, pudo ser De Gaulle. Eligió ser Perón. Eso es todo.
Atentamente
Moreno

domingo, 7 de agosto de 2016

carta abierta al periodista Marcelo Moreno del diario Clarín

Soy una lectora asidua de su columna y sus opiniones me han parecido siempre acertadas y objetivas. Hoy leí en su columna “la originalísima sociedad del aquí para allá” y con sorpresa vi su definición de Peronismo: “…fue fundado por un milico golpista que participó en la asonada fascista de Uriburu, fue el mentor del golpe nacionalista de 1943 y presidió dos gobiernos seguidos de los más autoritarios y menos republicanos de la historia”.
Me sorprende que un periodista como ud al que consideraba eficiente y objetivo haya optado por definir al político más destacado en los últimos 100 años de historia argentina de una forma tan burda, parcial, subjetiva y tendenciosa, desconociendo adrede el contexto socio político del momento en que se produjeron los hechos que ud incluye en su “definición”. El General Perón, aún para los antiperonistas y sus más acérrimos detractores y enemigos, no solo fue tres veces presidente constitucional elegido por el pueblo -en la última elección por el 64 % de los ciudadanos,- sino que también fue quién más hizo por los trabajadores argentinos y por los desposeídos y fue el único presidente en la Historia Argentina que permitió el progreso de los más pobres, facilitó el acceso a la educación y a la salud de millones de personas, construyó miles de viviendas, escuelas  y hospitales, siendo el artífice de la mayoría de los derechos que actualmente poseen los trabajadores.
Lamento profundamente que un periodista de su trayectoria caiga en la posición que los peronistas ortodoxos llaman gorilismo extremo y recalcitrante. Los ciudadanos esperamos que quienes tienen la responsabilidad y la posibilidad de expresar su opinión en los medios masivos tengan en cuenta que afortunada o desgraciadamente son formadores de opinión. Para terminar quería sugerirle modestamente que no utilice la palabra milico, que aunque se encuentra incluida en los diccionarios de lunfardo, es tan peyorativa y cargada de significado por nuestra triste historia, un periodista de verdad no necesita recurrir a los golpes bajos para expresar su opinión.
Atte